Greenpeace México propone una guía verde para cuidar el medio ambiente disfrutando del sexo. Cuidar el planeta y la naturaleza nunca había sido tan erótico.Vas en bicicleta al trabajo, comes orgánico, te pronuncias contra los transgénicos, tienes focos fluorescentes y usas biodegradables en casa... Está perfecto. Es un buen inicio para cuidar de este planeta, pero ¿quieres hacer más? Desde tu cama puedes hacerlo... Por eso, Greenpeace ha creado esta guía ecosexual para que, si lo deseas, puedas ser una bomba sexual que no haga estallar, precisa y literamente, al planeta. La industria de los juguetes sexuales comienza poco a poco a hacerse verde luego de haberse dado a conocer el alto riesgo de usar productos de PVC en los juegos íntimos. Incluso la industria pornográfica está comenzando a hacer esfuerzos para crear productos que ayuden al medioambiente, aportando alguna donación para organizaciones que trabajan a favor de algún tema en particular. Mucho de ello es “green wash”, es verdad, pero eso es un indicativo de que también el sexo se está volviendo verde.
Azucena lo sabe bien. Ella no vuelve a salir con un chico en cuya mesa de noche o en el baño no encuentre por lo menos un producto que no sea amigable con el ambiente. Claro, a veces no es tan drástica y el hecho de que al hombre en turno no le importe el medio ambiente, no significa que termine la relación. Pero si se encuentra con alguien que no tenga el menor interés por el ambiente, entonces ella dejará de tener ese mismo interés por él o quizá no le parezca tan atractivo. Hoy la moda verde se ha metido por debajo de las sábanas. Cada vez más el punto de ruptura de una pareja podría radicar en cuánta carne consume el otro, qué auto maneja, para quiénes trabaja o qué productos consume sin saber lo que hay detrás de las marcas. Siempre hay una alternativa y una manera positiva de hacer las cosas... incluyendo el sexo.
Desde el Gobierno se quejan del tiempo que supone el trámite de Evaluación de Impacto Ambiental, situado en la actualidad en una media de 760 días. De esos más de 2 años los ciudadanos disponen de menos de 30 días para poder estudiar y presentar alegaciones a unos proyectos que pueden transformar sus vidas. El Gobierno estará dispuesto a meter tijera, la cuestión es por donde piensa recortar plazos. ¿Se podrán más medios para que los funcionarios puedan gestionar los trámites más ágil y eficazmente? ¿Se reducirán los derechos civiles de los ciudadanos, asociaciones y afectados?.